El Grandioso Privilegio de La Oracion

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“Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová.”  (Salmo 27: 8)

Orar rara vez nos parece un privilegio. La mayoría lo vemos como un deber que no nos atrae para nada. Es raro encontrar quien en verdad lo disfrute porque increíblemente ¡requiere esfuerzo!

Antiguamente cuando la gente se presentaba ante un rey para pedirle algo se decía que aquella persona “buscaba el rostro del rey.” Pero buscar el rostro del rey era muy peligroso; no cualquiera podia hacerlo, especialmente si no había sido llamado a su presencia, pues tal persona podia perder la vida. Sin embargo, si el rey la mandaba llamar, probablemente le ayudaría.

En este pasaje David hace una comparación entre un rey terrenal y Dios. “Buscar el rostro de Dios” significa: Presentarse ante Dios para pedirle un favor.

Pero si orar es presentarse ante El, ¿porque a veces sentimos que nuestras oraciones no han pasado del techo? Porque necesitamos entender que la oración es mucho mas que hablar, es estar ante Dios; es ser transportados espiritualmente y de inmediato a Su presencia. Por tanto, podemos estar seguros de que Dios siempre nos escucha.

Ahora, cuando decido orar, en realidad no soy yo quien lo ha decidido ¿lo sabias? Aparte de la Biblia, el medio por el cual Dios nos habla es nuestro corazón. Cuando sentimos el deseo de orar es porque Dios ha puesto ese deseo en nosotros. No ha sido nuestra idea, sino Suya. Toda oración comienza con Dios—hemos sido llamados a Su presencia.

Pero, ¿para que?

Después que el rey Asuero le insistió a Ester que le hiciera saber su petición, hubiera sido absurdo que se la negara ¿no es cierto? En la misma forma, cuando Dios pone en nuestro corazón el deseo por acercarnos a El, es porque quiere bendecirnos, quiere hacernos bien. Esto es grandioso, porque ¿cuantas veces no nos acercamos a Dios con temor de que tal vez no querrá ayudarnos? ¡muchas! porque ignoramos que ha sido El quien nos ha llamado a Su presencia para hacernos bien!

Es importante entonces estar atentos al llamado de Dios a nuestro corazón y listos para obedecerlo, especialmente cuando se trata de la oración. Nunca fue una buena idea ignorar una orden del rey, cuanto menos ignorar el llamado del Rey de reyes! Y si tomamos en cuenta que el Rey nos ha llamado para hacernos bien ¿como no amar, desear y buscar el grandioso privilegio de la oración?

Fuentes: “The Treasury of David” de C.H. Spurgeon; blueletterbible.org lexicon y la Palabra de Dios.

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