Destellos de Su Gloria

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El Diciembre pasado, después de mi cirugía, el Señor me permito pasar una experiencia muy dificil de la cual jamas les he hablado. Quiero compartir con ustedes lo que aprendi. Doy gracias a Dios por fortalecerme en medio de gran tribulación.

“Me negaba a creer que el Señor me había abandonado. Los espasmos de mi cuerpo se intensificaban. El dolor era insoportable. Mis gritos resonaban por el hospital. Bañada en lágrimas, aferrada a mi esposo, le rogaba a Dios que me rescatara de manos de los inicuos…

Había soportado el dolor no se por cuanto tiempo. Donde estaba Jesus? Donde estaba cuando le rogué a la enfermera por un calmante y ella, mirándome con el más absoluto desprecio me ordenó callar? Donde estas Señor? le pregunte una y otra vez, sin respuesta…”

Cuando las crisis llegan y no vemos salida, nos preguntamos donde esta Dios. Porque no responde? La respuesta bien podría estar en la historia de la mujer Cananea en Mateo 15. Como ella, clamamos a Dios sin respuesta. Le presentamos nuestro caso y El dice: NO. Entonces nos aferramos a nuestra ultima esperanza: su misericordia. Como los perritos, nuestros ojos fijos en El, esperamos… tal vez nos permita comer de las migajas que caen de su mesa, tal vez no…

“Había orado incesantemente desde que mi pesadilla en el hospital comenzara y nada. ¿Pudiera ser esta la voluntad de Dios? ¿Sería posible que el Señor mismo hubiera diseñado este momento de dolor en mi vida? Un súbito pensamiento cruzó por mi mente: “Esta es tu voluntad!” estaba lista para recibir ayuda… “Señor, si es tu voluntad que yo sufra este insoportable dolor, que así sea.” Al instante el dolor ceso, total y absolutamente. Casi no podía creerlo. Que era lo que el Señor había hecho en mi vida?”

No fue sino hasta que la mujer Cananea reconoció que el Señor tenia derecho absoluto sobre su vida para darle todo o quitárselo, que Jesus le otorgo su petición.”Hágase contigo como quieres” le respondió y su hija fue sanada desde aquella hora.

La vida cristiana es una vida de fe, de confianza en la inalterable bondad de Cristo. Un constante reconocer que no somos nuestros, sino suyos. Es una vida de dependencia y sumisión a Su autoridad y voluntad cualquiera que esta sea. Es una vida que nos reta a seguir confiando en El contra toda esperanza.

Gloria a ti Señor por esos momentos de completa obscuridad que nos permiten percibir pequeños destellos de tu gloria…

“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito… pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos…” (Hebreos 11: 19)

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